2/16/2018

RÉQUIEM POR UN CAMPESINO ESPAÑOL
TEXTO
            Cuando no quedaba nadie en la plaza, sacaron a Paco y a otros dos campesinos de la cárcel, y los llevaron al cementerio, a pie. Al llegar era casi de noche. Quedaba detrás, en la aldea, un silencio temeroso.
            El centurión, al ponerlos contra el muro, recordó que no se habían confesado, y envió a buscar a Mosén Millán. Éste se extrañó de ver que lo llevaban en el coche del señor Cástulo. (Él lo había ofrecido a las nuevas autoridades.) El coche pudo avanzar hasta el lugar de la ejecución. No se había atrevido Mosén Millán a preguntar nada. Cuando vio a Paco, no sintió sorpresa alguna, sino un gran desaliento. Se confesaron los tres. Uno de ellos era un hombre que había trabajado en casa de Paco. El pobre, sin saber lo que hacía, repetía fuera de sí una vez y otra entre dientes: «Yo me acuso, padre…, yo me acuso, padre…». El mismo coche del señor Cástulo servía de confesionario, con la puerta abierta y el sacerdote sentado dentro. El reo se arrodillaba en el estribo. Cuando mosén Millán decía ego te absolvo, dos hombres arrancaban al penitente y volvían a llevarlo al muro.
            El último en confesarse fue Paco.
            ―En mala hora lo veo a usted -dijo al cura con una voz que mosén Millán no le había oído nunca―. Pero usted me conoce, mosén Millán. Usted sabe quién soy.
            ―Sí, hijo.
            ―Usted me prometió que me llevarían a un tribunal y me juzgarían.
            ―Me han engañado a mí también. ¿Qué puedo hacer? Piensa, hijo, en tu alma, y olvida, si puedes, todo lo demás.
            ― ¿Por qué me matan? ¿Qué he hecho yo? Nosotros no hemos matado a nadie. Diga usted que yo no he hecho nada. Usted sabe que soy inocente, que somos inocentes los tres.
            ―Sí, hijo. Todos sois inocentes; pero ¿qué puedo hacer yo?
            ―Si me matan por haberme defendido en las Pardinas, bien. Pero los otros dos no han hecho nada.
Paco se agarraba a la sotana de mosén Millán, y repetía: «No han hecho nada, y van a matarlos. No han hecho nada». Mosén Millán, conmovido hasta las lágrimas, decía:
            ―A veces, hijo mío, Dios permite que muera un inocente. Lo permitió de su propio Hijo, que era más inocente que vosotros tres.


ANÁLISIS DE LOS PERSONAJES DE LA OBRA QUE APARECEN EN EL FRAGMENTO
            Este fragmento pertenece a la  octava secuencia de pasado de la obra Réquiem por un campesino español, donde narra una situación de  tirantez en la que se encuentran los personajes más significativos de la obra. Entre ellos Mosén Millán. En las secuencias de presente se encuentra en la misa de réquiem tras cumplir un año desde la muerte de su fiel compañero Paco. Sentado en un banco dentro de la sacristía, echa la vista años atrás y recuerda la vida de la víctima, los momentos que pasó junto a él hasta su muerte. El sentimiento de culpabilidad tras haber sido en gran parte el causante de su fusilamiento llega a tal punto que llega a echar a los tres hombres más importantes y adinerados del pueblo fuera de la iglesia, Valeriano, Gumersindo y Cástulo habiendo sido tan culpables como él pero que sin embargo, no se sienten así. De vez en cuando el párroco le pregunta al monaguillo si ha entrado ya alguien a la iglesia, a lo cual obtiene siempre respuesta negativa. Los vecinos mediocres del pueblo y la propia familia de Paco se negaban a acudir a la misa como rebelión ante el engaño de Mosén Millán, mediante el cual su hijo había sido fusilado. Este personaje es ingenuo, ya que se deja llevar por unos asesinos de apariencia caballeresca, “me ha engañado a mí también, ¿Qué puedo hacer?” y eso le trae remordimientos posteriormente, como se narra en las secuencias de presente. Además, traiciona sus creencias de cristiano y al paternalismo que le profesa a la víctima. Este relato se fundamenta básicamente en la íntima relación que guardaba el párroco con su fiel amigo Paco, al cual bautizó, confirmó y casó, el único que la ayudaba a la hora de impartir misa. El punto en el que se desencadena la tragedia es el día en el que Mosén Millán lo lleva a cueva a dar la unción de enfermos a un anciano terminal. Es en este momento cuando Paco comienza a aclarar su ideología y a considerar intolerables la injusticas del mundo en el que vive. Le conmociona la escasa bondad del cura para compadecerse ante estas situaciones; aun así, desde pequeño había sentido admiración y respeto por Mosén, dejándose enseñar y aconsejar por él. Paco pertenece a una familia con tierras, pero a pesar de ello trabajan de sol a sol. Cuando cumplió 7 años ejerció de monaguillo suplente. De mayor tuvo fama de mozo atrevido. Paco es héroe y víctima. La narración de su vida y su muerte ocupa la mayor parte de la obra, “¿Por qué me matan? ¿Qué he hecho yo?”. El texto está exento de alusiones a su imagen, por lo que no podemos llegar a hacernos una idea de su imagen física. Aparece en el texto un miembro de las clases acomodadas del pueblo, Cástulo. Aunque no empuña las armas, es victimario. Contribuye con el centurión y sus hombres en su labor como pistoleros acometiendo contra inocentes en la aldea (un ejemplo de víctima inocente es Paco, tal y como se muestra en el texto). Este personaje va a lo suyo, vive su vida, y pretende estar libre de problemas consiguiendo una buena y cordial relación con el poder. Es una persona fría que no siente piedad pero tampoco denuncia nadie. Esta secuencia muestra cuando presta su coche a los invasores del pueblo para llegar hasta el lugar apartado donde llevan a cabo los crímenes. “Este se extrañó al ver que lo llevaban en el coche del señor Cástulo (…) El coche pudo avanzar hasta el lugar de la ejecución”. Había cedido su coche a las autoridades, el cual, aparte de servir como vía de transporte, servía como confesionario, donde debían entrar a confesarse con el señor Mosén aquellos que fueran a ser fusilados; era el paso previo a la muerte de muchos individuos inocentes de la aldea. Por último, y como parte a destacar en el fragmento, tenemos al centurión y sus hombres. Son señoritos de ciudad, muy fríos y rasurados, conocidos en el carasol como “pijaitos”. Estos personajes son además pistoleros falangistas “El centurión, al ponerlos contra el muro, recordó que no se había confesado, y envío a buscar a Mosén Millán.” Llegan al pueblo y comienzan a impartir su propia justicia, persiguiendo a aquellas personas que poseen una ideología distinta a la que ellos estipulan. Se convierten en la nueva autoridad de la aldea.
Tania Puente Fernández



Réquiem por un campesino español
            Estilo de la obra
            El estilo de Sender se define como realista, pero no costumbrista; ya que se basa en la realidad, por ejemplo en este texto, la entrada de los fascistas en un pueblo, con la intención de matar gente, en época de la Guerra Civil.
            También habla de surrealismo mágico, en esta obra, el ser mágico es el potro de Paco, ya que desde que mataron a su Paco, él va resucitando su presencia por donde pasa Nadie sabe como a podido escaparse pero adquiere un gran simbolismo cuando entra a la iglesia y hace sonar los cascos, en el momento que se va a celebrar la misa de su amo tan querido.
            El coche significa un dualismo entre la felicidad del día de su boda y la tristeza del día de su muerte, cuando van a fusilarle. ‘’Este se extrañó de ver que lo llevaban en el coche del señor Cástulo’’ ya que es usado en las ocasiones.
            El centurión y los asesinos que fusilarán a Paco, manifiestan brutalidad, acaban con las únicas esperanzas que Paco puede tener, traen el enfado y la tristeza…
            Las descripciones son breves y absolutamente funcionales, su extensión depende del significado que adquiera en el conjunto de la obra. Por ejemplo, en este fragmento la descripción del coche que se convierte en un confesionario ante la falta de recursos. ‘’El mismo coche del señor Cástulo servía de confesionario, con la puerta abierta y el sacerdote sentado dentro’’.
            La narración presenta distintas modulaciones.  En la vida de Paco varía desde el lirismo pasando por el clímax máximo. Subraya el dramatismo de la espera. ’’Repetía : ‘’No han hecho nada y van a matarlos. No han hecho nada’’’’ o ‘’Yo me acuso, padre…’’

            En el léxico abundan términos rurales y religiosos como ‘’ Ego te absolvo’’ siendo esto una oración en latín, referido a lo religioso. También utilizan el uso de aragonesismos como puede ser el nombre del cura ‘’Mosen’’ y elementos propios del lenguaje coloquial como: refranes, chistes…etc (Aparecen en los diálogos de los campesinos) Por último aparecen construcciones vulgares que contribuyen a dar al texto un aire de sencillez.

2/15/2018

ESTRUCTURA DE LA OBRA Y VALOR DEL FRAGMENTO EN ELLA:

            Cuando no quedaba nadie en la plaza, sacaron a Paco y a otros dos campesinos de la cárcel, y los llevaron al cementerio, a pie. Al llegar era casi de noche. Quedaba detrás, en la aldea, un silencio temeroso.
            El centurión, al ponerlos contra el muro, recordó que no se habían confesado, y envió a buscar a mosén Millán. Éste se extrañó de ver que lo llevaban en el coche del señor Cástulo. (Él lo había ofrecido a las nuevas autoridades). El coche pudo avanzar hasta el lugar de la ejecución. No se había atrevido mosén Millán a preguntar nada. Cuando vio a Paco, no sintió sorpresa alguna, sino un gran desaliento. Se confesaron los tres. Uno de ellos era un hombre que había trabajado en casa de Paco. El pobre, sin saber lo que hacía, repetía fuera de sí una vez y otra entre dientes: «Yo me acuso, padre..., yo me acuso, padre...». El mismo coche del señor Cástulo servía de confesionario, con la puerta abierta y el sacerdote sentado dentro.
            El reo se arrodillaba en el estribo. Cuando mosén Millán decía “ego te absolvo”, dos hombres arrancaban al penitente y volvían a llevarlo al muro. El último en confesarse fue Paco.
            -En mala hora lo veo a usted -dijo al cura con una voz que mosén Millán no le había oído nunca-. Pero usted me conoce, mosén Millán. Usted sabe quién soy.
            -Sí, hijo.
            -Usted me prometió que me llevarían a un tribunal y me juzgarían.
            -Me han engañado a mí también. ¿Qué puedo hacer? Piensa, hijo, en tu alma, y olvida, si puedes, todo lo demás.
            -¿Por qué me matan? ¿Qué he hecho yo? Nosotros no hemos matado a nadie. Diga usted que yo no he hecho nada. Usted sabe que soy inocente, que somos inocentes los tres.
            -Sí, hijo. Todos sois inocentes; pero ¿qué puedo hacer yo?
            -Si me matan por haberme defendido en las Pardinas, bien. Pero los otros dos no han hecho nada.
            Paco se agarraba a la sotana de mosén Millán, y repetía: «No han hecho nada, y van a matarlos. No han hecho nada». Mosén Millán, conmovido hasta las lágrimas, decía:
            -A veces, hijo mío, Dios permite que muera un inocente. Lo permitió de su propio Hijo, que era más inocente que vosotros tres

            La estructura de Réquiem por un campesino español es una rememoración que realiza el sacerdote, Mosén Millán, por un sentimiento de culpabilidad, y se divide en secuencias de presente (el cura esperando para dar la misa de réquiem) y de pasado (el cura rememora toda la vida de Paco, desde el nacimiento, hasta su muerte). Las secuencias de pasado son ocho: El bautizo, La Jerónima, Las cuevas, La aldea, La boda, La República, La guerra, siendo la última la de la muerte; que es en la que se sitúa este fragmento.

            La importancia de este fragmento radica en que es una situación clave para el desarrollo de la obra, siendo el momento en el que el verdadero protagonista es confesado, irónicamente, por su mejor amigo y delator. Es ahí cuando Paco se muestra como inocente, aumentando el sentimiento de culpabilidad del cura. Es por ese sentimiento por lo que Mosén Millán rememora toda su vida durante la media hora de espera para la misa.
            Una de las causas más importantes que llevan a Paco a la situación final es la amistad que contrae desde pequeño con el párroco del pueblo, el cual, a los siete años le lleva con él a dar la extremaunción a un pobre moribundo que vive en unas cuevas de las afueras. Es ese momento en el que Paco cambia su forma de pensar, ya que no cree posible que haya gente que viva en esas condiciones y sin recibir ayuda alguna. Por lo que el resto de su vida lo pasa intentando cambiarlo. Ideología que no es compartida por Mosén Millán, y por ello, siendo también engañado, lo delata a los falangistas (de parte del duque).
            Las consecuencias finales a las que lleva este fragmento son, principalmente, la muerte de Paco, la cual podemos comprobar en el fragmento, ya que les confiesan y preparan para fusilarlos. Es Mosén Millán, no solo quien delata a Paco, sino quien le confiesa antes de que este muera. Provoca así un gran sentimiento de culpabilidad, lo que hace que tras un año de su muerte, el cura esté rememorando toda su vida. No es que la gente del pueblo y su familia no quisiera a Paco, sino todo lo contrario, no acudieron al aniversario de su muerte para mostrar al cura la falta de conformidad y apoyo ante lo ocurrido, ya que culpaban a Mosén Millán, y a los ricos del pueblo; quienes insistían en pagar la misa para aminorar su propia culpa.
           


Laura Argüeso
Valor estilístico del adjetivo en el siguiente fragmento:


Hablemos claro

La desigualdad entre hombres y mujeres es una lluvia que impregna nuestro modo de estar en el mundo. En ocasiones es amarga y mina la proyección femenina. Otras, es corrosiva y pone en riesgo la integridad física. 36.000 mujeres han denunciado haber sufrido violencia machista en los últimos tres meses.
  
EMMA RIVEROLA, (elperiodico.com 21/12/2016)




En este fragmento encontramos cinco adjetivos, que son “amarga”, “femenina”, “ corrosiva”, “física” y “ machista”, todos ellos están en grado positivo.
Distinguimos que “amarga” y “corrosiva” funcionan como atributos, y ambos son valorativos. El resto son adyacentes, “femenina” de “proyección”, “física” de “integridad” y “machista” de “violencia”, todos pospuestos. Los tres pueden clasificarse como descriptivos y especificativos.

Dado que la mayoría de los adjetivos que aparecen en este fragmento son descriptivos y especificativos, y que el número en comparación con la extensión del fragmento no es muy elevado, podemos concluir que la autora se preocupa por transmitirnos información de forma precisa pues es necesaria para la adecuada comprensión del fragmento, ya que corresponde con la exposición del texto, y más adelante desarrollará las ideas que ahora nos plantea de forma clara. Intenta que prime la objetividad.
Además, los únicos adjetivos valorativos que utiliza los emplea para transmitir la realidad sobre el daño que sufren las mujeres al lector, para crear empatía, ya que como mujer, no puede evitar sentirse vinculada con el tema.



María del Vigo

1/14/2018

Tema o temas del fragmento en relación con los temas de la obra

            Lorca siempre lleva al escenario destinos trágicos, pasiones condenadas a la soledad o a la muerte, y generalmente encarnados por mujeres.

            En La casa de Bernarda Alba el elemento que envuelve el ambiente durante todo el desarrollo de la obra es la frustración. En este fragmento aparece personificado por la joven Adela. En el plano social tiene un fuerte componente moral por lo que podemos relacionar la frustración con otros temas unidos al central que se ven reflejados en el fragmento como la moral tradicional y la presión social, la condición de la mujer en la sociedad española de la época, el orgullo de casta y las diferencias sociales, que podemos apreciar entre Adela y la criada la Poncia.

            El amor es uno de los temas principales, va ligado al sexo como una energía impetuosa y lo vemos n la pasión que siente Adela hacia Pepe el Romano “apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca”. Pero los obstáculos que encuentra este amor conducen de nuevo a la frustración, en este caso, Adela se siente frustrada porque Pepe el Romano no le pertenece, ya que es el prometido de su hermana mayor. En relación con lo anterior aparece también la esterilidad que va ligada al mundo adulto, caracterizado en esta obra por la hermana mayor prometida con Pepe el Romano, y esto explica la obsesiva nostalgia de la infancia por parte de Lorca, caracterizado por la hermana menor, que es joven, risueña, enamoradiza y con ganas de vivir su vida.

            Además es muy característico el principio de autoridad contra el de libertad. Durante la obra aparece Bernarda encarnando a la autoridad, y las hijas representando la oposición en distintos grados, desde actitudes más pasivas y sumisas hasta la total rebeldía de Adela “No por encima de ti, que eres una criada, por encima de mi madre saltaría”. Sin embargo en este fragmento, el papel de Bernarda lo asume La Poncia, enfrentándose a Adela para cuidar la reputación de esa casa “No me desafíes, Adela, no me desafíes”.

            Esto nos lleva al último tema, el ¿qué dirán? y las apariencias, el honor. “¡Velo! Para que las gentes no escupan al pasar por esta puerta”. Relacionado con la reclusión que siente Adela frente al ansia amorosa y esa pasión condenada a la soledad o incluso a la muerte si alguien llegara a enterarse.


                                                                              MARÍA DEL VIGO
Estructura de la obra y valor del fragmento en ella.
            La casa de Bernarda Alba presenta una estructura clásica en tres actos, que se corresponden con el esquema tradicional de presentación, nudo y desenlace.
            El principio del primer acto coincide con el planteamiento de la situación, en él aparecen ya todos los personajes sobre los que gravita la acción; también queda planteado el conflicto inicial y la lucha de fuerzas. Adela no se resigna a una vida monacal y el matrimonio de su hermana mayor con Pepe se ve alterado.
            El segundo acto coincide con el nudo de la historia, en el cual el conflicto de Bernarda, la máxima autoridad de la casa, con Adela, su hija pequeña que rompe con su rebelión las normas establecidas.
            El clímax se sitúa hacia el final, cuando Adela al fin confiesa Martirio sus relaciones ilícitas con Pepe. Este acto camina hacia el desenlace final, Bernarda es la única que no ve lo que de verdad está sucediendo. El drama concluye con la tensión final de la muerte de Adela y la percepción de Bernarda de la ruptura del sistema en que tan ciegamente creía. Cada uno de los actos tiene un cuadro diferente y se desarrolla en un tiempo distinto.
            La estructura interna de la obra es cíclica y repetitiva, cada alto nos ofrece el mismo movimiento interno: calma inicial, seguida de la sucesión de conflictos, desembocando en la violencia.
            Este fragmento extraído de La casa de Bernarda Alba tiene una importancia considerable en el contexto de la obra teatral. En él se desarrolla una fuerte discusión entre la criada Poncia y la hija de Bernarda. Poncia pretende que Adela siga sus consejos; lo hace explicándola las posibles consecuencias negativas en cuanto a la reputación de la familia que puede traer su relación amorosa con hombres. En este caso refiriéndose a Pepe. Si todo el pueblo se entera aparecerán las malas lenguas, lo cual afectará tanto a Bernarda, como a sus hijas, como a la criada misma. Adela al oírla se revela, saca sus carácter de adolescente presentando indiferencia y la reprocha el ser una simple criada, humillándola y menospreciando sus palabras tras considerar que no tienen ni voz ni voto. Es primordial conocer esta situación para captar y comprender la tensión ambiental que se vive en dicha casa en el transcurso de la obra.
              Las causas que conducen a esta situación son las siguientes: acaba de morir el padre, lo que  significa permanecer de luto durante 8 años, algo que las hijas de Bernarda consideran una locura. Adela tan solo tiene 20 años; se encuentra en edad de descubrir, probar y experimentar, una edad en la que se tiene un peculiar carácter inconformista y ambicioso. Esta situación la ha llevado a mantener relaciones con Pepe el Romano, supuesto novio de Angustias, pudiéndose dirigir a él como prometido. La escena se desarrolla en verano; el cúmulo de circunstancias negativas se va aumentando: calor, irritabilidad, rivalidades, agobio, sufrimiento por la muerte de un ser querido, ganas de estar con hombres, obligación de estar sometidas a las obligaciones de su madre. Todo ello desemboca en discusiones, tales como la que se vive en el fragmento. Poncia, como buena mujer (en este caso), quiere que se hable bien de la casa en la que trabaja, y lo que hace como persona externa a la familia, viendo lo que ellas no son capaces de ver, es guiarlas por el buen camino. Por ello, aunque Adela muestre una actitud reacia a atender, trata de transmitirla la situación que ella ha estado observando, para que se tomen a partir de este momento cartas en el asunto.
               Esta situación acarrea consecuencias en el transcurso de la obra. Angustias se termina enterando de la íntima relación que mantiene Adela con Pepe. A Bernarda le cuesta tiempo reconocer y visualizar la situación en la que Adela y Angustias se encuentran; muestra una actitud pasiva ante el tema, dejándolo de lado el máximo tiempo posible hasta que, al fin, termina obligadamente reconociéndolo, lo cual conduce al desenlace trágico. Poncia se lo transmite en repetidas ocasiones, pero es en vano todas ellas. El retrato de pepe el Romano, parece desaparecer por arte de magia, hasta que se descubre que es Martirio quien se había apoderado de él. En este momento se acentúa violentamente la rivalidad entre hermanas, aparece un triángulo amoroso que pronto se diseminará. Llegando al fin, Bernarda saca la escopeta, pega un tiro al aire sin conseguir dar a Pepe. Adela histérica y desesperada pregunta por lo sucedido y es Martirio quien la miente diciendo que su madre ha matado a Pepe. La verdad escondida tras esta tragedia es que Adela estaba embarazada. No es capaz de afrontar la realidad, piensa que no va a poder seguir adelante sin Pepe estando embarazada, teniendo que aguantar a todas sus hermanas irritadas tras la traición, las críticas de haber tenido un hijo sin conocer al padre en aquella época era algo impensable. Es aquí donde Adela pierde toda la valentía y fortaleza que a lo largo de la obra había ganado y se quita la vida colgándose de una soga.


                                                                                     Tania Puente Fernández
Relaciona las funciones lingüísticas que aparecen con el tipo de texto
TEXTO 2
ADELA. En vez de limpiar la casa y acostarte para rezar a tus muertos buscas como una vieja marrana asuntos de hombres y mujeres para babosear en ellos.
LA PONCIA. ¡Velo! Para que las gentes no escupan al pasar por esta puerta.
ADELA. Es inútil tu consejo. Ya es tarde. No por encima de ti, que eres una criada; por encima de mi madre saltaría para apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca. ¿Qué puedes decir de mí? ¿Que me encierro en mi cuarto y no abro la puerta? ¿Que no duermo? Soy más lista que tú. Mira a ver si puedes agarrar la liebre con tus manos.
LA PONCIA. No me desafíes, Adela, no me desafíes. Porque yo puedo dar voces, encender luces y hacer que toquen las campanas.
ADELA. Trae cuatro mil bengalas amarillas y ponlas en las bardas del corral. Nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder.

En este fragmento de La casa de Bernarda Alba aparecen diversas funciones lingüísticas. Destaca la función apelativa en la que Adela muestra su rebeldía a través de preguntas retóricas que formula a la Poncia para hacerla saber que no tenía nada que hacer para frenar ese amor apasionado que sentía por Pepe el Romano (futuro marido de su hermana mayor) “¿Que me encierro en mi cuarto y no abro la puerta? ¿Que no duermo?”, mediante el uso del modo imperativo “Trae cuatro mil bengalas amarillas”, uso del vocativo para intentar controlarla y convencerla de que ella es capaz de contárselo a todo el mundo “No me desafíes, Adela, no me desafíes” y también el uso del mandato para reclamarla su relación con Pepe el Romano. La función apelativa está relacionada con el lenguaje dialogado ya que se centra en el receptor, al estar reclamando su respuesta.
También aparece la función expresiva en el que destaca la subjetividad del fragmento, en el que cada personaje expresa lo que siente al ver la vida de una manera distinta y sobre todo es usado para insultarse la una a la otra; abundan los adjetivos valorativos “vieja marrana” “inútil”, el uso de la 1ª persona “puedo” “tengo” “duermo” y el subjuntivo “Para que las gentes no escupan al pasar por esta puerta” usado para hacer suposiciones, en este caso la Poncia lo utiliza para referirse a la posibilidad de que la gente se entere de lo que está haciendo Adela ya que esta se convertiría en una persona odiada por toda la gente del pueblo. También predomina el uso de énfasis en oraciones exclamativas “¡Velo!” y se usa palabras con valor connotativo como “fuego” cuando Adela dice “este fuego que tengo levantado por piernas y boca” para referirse al fuerte amor que siente por Pepe el Romano. La función expresiva está relacionada con el lenguaje dramático el cual se centra en la persona que habla, es decir, en el emisor, de esta manera podremos conseguir la individualización y con esto llegaremos a conocer mejor el carácter y comportamiento de cada personaje.

Por último podemos apreciar el uso de la función poética, se usan múltiples recursos lingüísticos como pueden ser, el hipérbaton “no por encima de ti” en el que adelanta el adverbio de negación “no”  y el CCLUGAR para destacar que ella no será la mayor autoridad a la que está dispuesta a enfrentarse para dejar de ocultar su relación amorosa con el futuro marido de su hermana, una metáfora propia de la lengua coloquial “Mira a ver si puedes agarrar la liebre con tus manosmediante la cual Adela la desafía a que intente frenarla sabiendo que no puede y un hipérbole “Trae cuatro mil bengalas amarillas” donde se vuelve a mostrar la rebeldía de Adela al referirse a que no la importa que se entere la gente de su relación ya que como ella dice:  “Nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder”. La función poética está relacionada con el lenguaje literario que se centra en el mensaje y la manera en la que se expresa, ya que estos mensajes están cargados de sentidos dobles, sugerencias irónicas “¿Que me encierro en mi cuarto y no abro la puerta? ¿Que no duermo?” e incluso simbolismo puro. Este tipo de lenguaje es muy común en el habla andaluza que presume de no emplear frecuentemente un lenguaje realista.

                                                                                Carlota Tejido