Nada sigue la tradicional estructura en tres partes, pero no se corresponden con la presentación, nudo y desenlace, debido a que no hay una intriga argumental básica.
Este fragmento pertenece al final de la segunda parte, más concretamente del capítulo XVIII, que comienza con las nuevas expectativas de Andrea y finaliza con la fiesta en casa de Pons. La novela tiene poca acción, y no existe una intriga central basada en el esquema tradicional (planteamiento, nudo y desenlace).
En este fragmento, Andrea acude a la fiesta de Pons cargada de ilusiones, interpretándola como la única vía de escape de su vida gris en la calle Aribau. (“Aquella misma tarde había sido la fiesta de Pons. Durante cinco días había yo intentando almacenar ilusiones para esa escapatoria de mi vida corriente”). El texto refleja su estado interior, marcado por el deseo de ser admirada y querida, lo que lleva a identificarse con la imagen idealizada de una princesa de cuento. (“Cenicienta”). Está fantasía recuerda a Andrea su infancia y muestra que necesita sentirse querida y valorada. También refleja su deseo de cambiar su vida y ser distinta. Pero estás ilusiones no son reales, por lo tanto, estas son expresadas en un tono triste y melancólico.
La narración se centra más en el mundo interior de Andrea lo que confirma que Nada es una novela de poca acción además de tener una intriga psicológica más que de acontecimientos. A través de sueños infantiles o recuerdos, Laforet muestra la fragilidad emocional a la protagonista Andrea. Y su tendencia a refugiarse en fantasías para soportar la dureza de su realidad. La fiesta muestra de forma simbólica un momento de esperanza. (“Al correr al espejo, contemplaba, temblorosa de emoción, mi transformación asombrosa en una rubia princesa -precisamente rubia, como describían los cuentos-, inmediatamente dotada, por gracia de la belleza, con los atributos de dulzura, encanto y bondad, y el maravilloso de esparcir generosamente mis sonrisas.”).
Finalmente, sus preocupaciones terminan cuando Ena la ayuda a marcharse a Madrid, lo que la permite alejarse de ese ambiente opresivo y empezar una nueva etapa con mayor tranquilidad.
Claudia Ruiz Argüeso