Lorca cultivó el teatro durante toda su vida, su teatro posee una dimensión humana hasta desgarrada y otra estética, además de tener características de la tradición grecolatina como las premoniciones.
Respecto a los símbolos, en la obra el agua se manifiesta de manera especial como significado de muerte y vida representando los sentimientos y situaciones. En este fragmento Adela menciona el agua para recalcar que no le importa los daños que comenta mientras Pepe el Romano siga con ella (“La que tenga que ahogarse que se ahogue”) además el agua queda también reflejada cuando Adela menciona (“Él me lleva a los juncos de la orilla”) teniendo un fuerte carácter sexual.
El lenguaje de La casa de Bernarda Alba es el lenguaje andaluz llevado a su esencia, en este fragmento prácticamente no hay lenguaje denotativo, hay lenguaje connotativo en su mayoría donde cada frase va cargada con dobles sentidos, ironía y hasta de simbolismo (“Él me lleva a los juncos de la orilla”) haciendo así referencia a que con él ya ha mantenido relaciones sexuales o (“quemándome con sus dedos de lumbre”) admitiendo que sabe lo criticada que va a ser por el pueblo.
Por último, al comienzo de cada acto se emplea un lenguaje realista muy natural y cotidiano (“¡No me abraces!”) aquí las palabras no significan más de lo que dicen. El lenguaje va cambiando a medida que saltas de un acto a otro, en este caso al ser el último acto y no al principio de él ya se utiliza un lenguaje rápido y se abandona casi desde el principio el lenguaje realista.
Jimena Martínez