ESTRUCTURA CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA:
La estructura de Crónica de una muerte anunciada está marcada por la lógica causa-efecto al darse una visión lineal de la historia. El narrador-cronista despliega un puzle de quiebros, sobreposiciones y rupturas para enlazar su memoria con la de los testigos y sus puntos de vista, alternando su vos con la de los personajes entrevistados.
Es por esto por lo que la obra se divide en cinco partes que giran en torno a diferentes personajes y situaciones. En la primera parte se despliega el conflicto que gira en torno a Santiago Nasar, en la segunda se explican las causas de la devolución de Ángela Vicario y gira alrededor de Bayardo San Román, en la tercera se desarrollan las circunstancias del asesinato de Santiago Nasar, y finalmente en la cuarta se da la autopsia del cadáver, siendo este una especia de final cerrado.
Es en la quinta parte, a la que pertenece este fragmento, en la que se trata la muerte de Santiago Nasar según el punto de vista e impresiones de los testigos. (“«Si yo hubiera sabido […]», me dijo.”, “«Si no hubiera sido por eso -me dijo»”).
Por ello se retrocede cronológicamente hasta antes de la cuarta parte para centrarse en esa recopilación de datos conocidos del asesinato. Así destaca la minuciosidad del cronista para intentar resolver el caso.
En este fragmento encontramos en concreto los testimonios de Cristo Bedoya y Clotilde Armenta. (“me dijo Cristo Bedoya”, “Clotilde Armenta […] le gritó a Cristo Bedoya que se diera prisa…”), que explican los momentos previos a la venganza de los hermanos Vicario, con detalles, tras la deshonra de Ángela y cómo esta fue devuelta. (“Pedro Vicario estaba en la puerta, lívido y desgreñado”, “tomó la decisión de lavar la honra de su hermana”, “tenía puesta la chaqueta de boda”).
En conclusión, este fragmento se centra en los sentimientos de nerviosismo de los testigos antes del crimen, y en cómo ninguno de ellos intentó detener a los hermanos Vicario, a excepción de Cristo Bedoya y Clotilde Armenta. (“«Si yo hubiera sabido disparar un revólver, Santiago Nasar estaría vivo», me dijo”).
María Eva Martín