2/05/2011

La casa de Bernarda Alba

TEXTO


Martirio: (Dramática.) ¡Sí! Déjame decirlo con la cabeza fuera de los embozos. ¡Sí! Déjame que el pecho se me rompa como una granada de amargura. ¡Le quiero!
Adela: (En un arranque, y abrazándola.) Martirio, Martirio, yo no tengo la culpa.
Martirio: ¡No me abraces! No quieras ablandar mis ojos. Mi sangre ya no es la tuya, y aunque quisiera verte como hermana no te miro ya más que como mujer. (la rechaza.)
Adela: Aquí no hay ningún remedio. La que tenga que ahogarse que se ahogue. Pepe el Romano es mío. Él me lleva a los juncos de la orilla.
Martirio: ¡No será!
Adela: Ya no aguanto el horror de estos techos después de haber probado el sabor de su boca. Seré lo que él quiera que sea. Todo el pueblo contra mí, quemándome con sus dedos de lumbre, perseguida por los que dicen que son decentes, y me pondré delante de todos la corona de espinas que tienen las que son queridas de algún hombre casado.
Martirio: ¡Calla!
Adela: Sí, sí. (En voz baja.) Vamos a dormir, vamos a dejar que se case con Angustias, ya no me importa. Pero yo me iré a una casita sola donde él me verá cuando quiera, cuando le venga en gana.
Martirio: Eso no pasará mientras yo tenga una gota de sangre en el cuerpo.
Adela: No a ti, que eres débil: a un caballo encabritado soy capaz de poner de rodillas con la fuerza de mi dedo meñique.
Martirio: No levantes esa voz que me irrita. Tengo el corazón lleno de una
fuerza tan mala, que sin quererlo yo, a mí misma me ahoga.
Adela: Nos enseñan a querer a las hermanas. Dios me ha debido dejar sola, en medio de la oscuridad, porque te veo como si no te hubiera visto nunca.
(Se oye un silbido y Adela corre a la puerta, pero Martirio se le pone delante.)
Martirio: ¿Dónde vas?
Adela: ¡Quítate de la puerta!
Martirio: ¡Pasa si puedes!
Adela: ¡Aparta! (Lucha.)
Martirio: (A voces.) ¡Madre, madre!
Adela: ¡Déjame!

1-Resumen.
Martirio reconoce que le gusta Pepe el Romano y rechaza a su hermana Adela porque ella siente lo mismo por dicho hombre. Esta jura que hará todo lo posible para que Pepe sea suyo y Martirio que impedirá que eso sea así mientras viva. Ambas reniegan de su condición de hermanas, sin embargo Adela va más allá, pues reconoce que ha mantenido relaciones con el Romano. Las dos luchan por él mientras Martirio pide la ayuda de su madre.


2-Comentario crítico.
El tema central de este fragmento es la oposición entre la autoridad y la libertad. Adela adquiere en papel de persona libre y pretende decidir cómo dirigir su vida en contraposición al papel encarnado por su hermana Martirio, que ante la ausencia de Bernarda toma en rol de esta mostrándose fuertemente autoritaria ante los deseos de su hermana pequeña.

Otros temas son, por ejemplo, el amor que sienten las dos hermanas por el mismo hombre y que les lleva a renegar de su parentesco desembocando en una profunda frustración, elemento neurálgico del mundo lorquiano.

Este fragmento está compuesto por dieciocho intervenciones: nueve de Adela y nueve de Martirio, es decir, para toda réplica hay una contrarréplica. Internamente está dividida en dos partes: la primera, constituía por la discusión de las hermanas, desde el principio hasta el silbido de Pepe el Romano; este momento constituye el punto de inflexión de este fragmento. La segunda parte sería el resto
Sin embargo, la primera parte estaría dividida a su vez en dos: la primera hasta que Martirio dice “calla”, pues a partir de ahí Adela toma la posición de darle la razón a su hermana para que la deje en paz aunque siga pensando en hacer lo mismo.

La actitud de Lorca es clara: se posiciona a favor de las mujeres de España, consideradas seres marginales sin derechos en contraposición a los hombres, que son los “seres superiores”, influido quizás también por su homosexualidad. Lorca crítica esta situación marginal que viven las mujeres y se pone a favor de todas las minorías en general.

Su intención es hacer ver al lector la difícil situación por la cual se ha de regir la vida de la mujer mediante una trágica coyuntura en que se debaten desesperadamente la muerte y la vida, el pasado, que pesa, y el Porvenir, que exige. Presenta a Adela como la “Libertad” y a Martirio como la “Tradición”, normalmente encarnada por su madre Bernarda. Como Lorca aspiraba a conseguir la libertad, se deduce que el propio autor se identifica con Adela, es decir, se siente atado a las discriminaciones de las que son objeto las minorías.

Es un texto teatral, dramático e hiperbólico: dramático porque aunque es una tragedia (pues el odio de las dos hermanas es patente y desembocará en la muerte) está escrito en prosa y no presenta coros. Además, para Lorca la tragedia comportaba elementos míticos, recuérdese la tragedia griega, ausentes en esta obra. A parte, el realismo del lenguaje y ciertas expresiones cómicas hacen que sea un drama (como firmó el autor) y no una tragedia, aunque hoy en día se considere que tiene partes de ambos estilos; hiperbólico porque Lorca generaliza una situación que vive una familia andaluza a toda España.
El diálogo es sobrio, presenta numerosos sobrentendidos y segundas intenciones tal y como demuestran las intervenciones de los diferentes personajes. Etas son cortas, tomando así forma de réplica y contrarréplica, excepto algunas que aspiran a concluir el diálogo y son algo más largas. El estilo del diálogo es directo, pues las palabras de los personajes aparecen citadas literalmente. Esto permite caracterizar a los personajes y saber en todo momento quién está hablando. En cuanto a las acotaciones, señalan momentos importantes, como por ejemplo, la llegada de Pepe el Romano mediante su característico silbido.

Me parece acertada la forma de exponer un diálogo tan eléctrico y vivo como el que mantienen con forma de réplica y contrarréplica, lo cual contribuye a dar ritmo al fragmento aumentando la sensación de tensión propia de la situación y también las metafóricas intervenciones de Adela.
En cuanto al contenido, el tema de las relaciones extramatrimoniales sobre el que debaten Adela y Martirio me parece un tema arcaico para los tiempos que corren, aunque en la década de los 30’ la mujer debía llegar virgen al matrimonio.

3-Análisis del registro lingüístico.
En este fragmento se produce la mezcla del registro culto y el coloquial: culto, porque hay función poética debido a las numerosas metáforas sobretodo en las intervenciones de Adela; coloquial, porque es un registro muy subjetivo en el que abunda la función expresiva, por la abundancia de exclamaciones y por las órdenes de Martirio para dar naturalidad (lenguaje coloquial) al fragmento. También hay un diminutivo, casita, que simboliza los deseos de Adela de marchar de esa casa y tener algo con Pepe por muy pequeño que pueda ser.

En cuanto a la sintaxis, predomina la subordinación sobre otras estructuras sintácticas aunque también hay bastante coordinación y yuxtaposición.

El diálogo se expresa en un estilo directo, propio de toda obra dramática, pues aparece citado lo que cada personaje dice literalmente sin intervención de un narrador. Este estilo no transmite de primera mano las palabras de los personajes a los que reconocemos en sus intervenciones.

Pocas son las expresiones que no tienen un significado connotativo: aunque también hay denotativo, como en la cuarte intervención de Adela (Sí, sí. Vamos a dormir, vamos a dejar que se case con Angustias, ya no me importa. Pero yo me iré a una casita sola donde él me verá cuando quiera, cuando le venga en gana.), este no es el más abundante. Se observa que la mayor parte de las intervenciones se construyen con metáforas que implican un significado connotativo: por ejemplo, Martirio dice “Déjame decirlo con la cabeza fuera de los embozos” admitiendo que le gusta Pepe el Romano sin ocultarlo, “Mi sangre ya no es la tuya” rechazando el parentesco con su hermana por amar al mismo hombre, “Eso no pasará mientras yo tenga una gota de sangre en el cuerpo” queriendo decirla que ella no se verá más con Pepe mientras siga viva.
Por parte de Adela, son también varias las metáforas; “Él me lleva a los juncos de la orilla” admitiendo que ya ha mantenido relaciones sexuales con él, “Quemándome con sus dedos de lumbre” admitiendo que es consciente de las críticas a las que se va a ver sometida en el pueblo por ser la querida de un hombre casado (cabe destacar que “sus dedos de lumbre” tiene un significado muy importante, porque la Inquisición señalaba a los herejes y los quemaba en la hoguera) o “La corona de espinas” relacionada con la metáfora anterior, pues sabe que será marcada como Jesucristo y quizás sacrificada como él.
Los nombres también poseen significados connotativos: Martirio es físicamente defectuosa y su vida es “un martirio” porque no encuentra al hombre que la ame; Adela significa “de naturaleza noble”, es joven y espontánea y la más apasionada (por su juventud) de todas las hermanas.

Los símbolos que se encuentran en este fragmento son también de un alto valor connotativo: el agua, que queda reflejada cuando Adela dice “Él me lleva a los juncos de la orilla”, posee aquí un fuerte carácter sexual porque en el río el agua fluye y no está estancada. Con otro sentido distinto Adela dice “La que tenga que ahogarse que se ahogue”, pues aquí el agua tendría un significado negativo, de muerte al estar estancada.

4-Contexto histórico-literario.
Como espectáculo que es el teatro, pesaban sobre él unos condicionamientos comerciales muy fuertes: eran propiedades de empresarios, los cuales debían tener en cuenta los gustos del público para así ganar dinero.
Esto tenía dos consecuencias: en el terreno ideológico, eran escasas las posibilidades de hacer un teatro que fuese más allá de la capacidad de autocrítica del pueblo. En el terreno estético, hubo fuertes resistencias ante las experiencias que se salieran de lo tradicional.
Por todo ello, todos los autores que no respondieran a las condiciones imperantes tendrían dos opciones: claudicar ante tales condiciones o resignarse a que su producción quedase relegada a la “lectura minoritaria.”
Esto explica que el teatro del siglo XIX se clasifique en dos grupos: el que triunfa y el que pretende innovar, aportando nuevas técnicas y nuevos enfoques ideológicos.

Lorca volvía continuamente sobre sus obras para retocarlas, por eso a veces se asigna un mismo título a fechas distintas.
Su teatro se divide en tres períodos: los tanteos de los años 20, la experiencia vanguardista de principios de los años 30 y la etapa de plenitud de sus últimos años.
Su primer éxito llega con María Pineda, una heroína ajusticiada en Granada por haber bordado una bandera liberal.
Durante sus primeros años Lorca experimenta con distintas formas y registros.
A partir de aquí Lorca sufre una doble crisis vital y estética tras el éxito de su Romancero gitano en 1928. En lo vital, la crisis tiene que ver con la homosexualidad del poeta: en lo estético, ciertas críticas le hacen replantearse los fundamentos de su creación y la necesidad de buscar un nuevo lenguaje: le afectan especialmente las opiniones de sus amigos Dalí y Buñuel; Lorca adoptará el influjo surrealista de sus dos amigos y desatará la imaginación y el lenguaje.
Lorca pasó cinco años desarrollando ese “teatro imposible”, que le llevará a dar un giro decisivo: intentará hermanar rigor estético y alcance popular.
En casi todas estas obras la mujer ocupa un puesto central, hecho que revela la sensibilidad del poeta ante la condición de mujer en la sociedad tradicional: fruto de esta concepción son sus obras Bodas de sangre, Yerma, Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores. Su obra culminante fue La casa de Bernarda Alba publicada en 1936.

La importancia de este fragmento recae en los dos momentos realmente notables del mismo: Martirio reconoce por fin que ama a Pepe el Romano y Adela se siente en la cumbre de su desesperación y se declara en rebeldía.

Las causas que preceden a estas manifestaciones son las siguientes: Martirio había robado un retrato que Angustias tenía de Pepe el Romano, y es tanta la angustia que Martirio siente que al final acaba reconociendo que está enamorada de Pepe, tal vez por la presión de una tensa situación que iba en progresión ascendente; por su parte, Adela se siente realmente frustrada por no poder llevar a cabo los planes con su amado, pues pese a que la quiere se casará con Angustias por la herencia recibida tras la muerte de su padrastro. Sin embargo, es la única persona que aún no se ha resignado a vivir bajo el yugo de su madre y fruto de esto se declara en rebeldía.

Las consecuencias serán drásticas: Adela romperá el bastón de su madre Bernarda, simbolizando la pérdida de la asfixiante autoridad de la matriarca y el estado de rebeldía absoluta al que se acoge la muchacha. Martirio odiará hasta el extremo a su hermana por ser la mujer a la que Pepe ama, hecho que quedará patente cuando dice “Adiós a Pepe el Romano” justo después de que Bernarda le dispare con la escopeta con el propósito de hacer daño a su hermana pese a que este había salido ileso: debido a este comentario, Adela se sentirá profundamente frustrada por la pérdida de su amado y se suicidará.


Comentario realizado por Borja Calderón

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